Variopinto mundo de opiniones
este, conformado desde la más entusiasta e intransigente a aquella que intenta
mantenerse lo más aséptica posible y eludir ser engullido por el contaminado
entorno, que lo está. Amplio abanico de propuestas y postulaciones, atestando
gustos y colores, que vienen a bosquejar un retrato desvirtuado del ‘6’, tanto
para bien como para mal, entremezclándose ampulosos panegíricos que parecen
describir al último mesías del Camp de Mestalla con iterativas invectivas que
tratan de ultrajar su nombre, motivadas por el desafortunado -pero real-
capítulo extradeportivo que por todos es conocido. No seré yo quien aconseje a
estos paladines claudicar ante el asfixiante acoso y derribo de cierto sector
del núcleo duro de la prensa deportiva valenciana, no, es necesaria esa
herramienta inconformista que actúe en base al principio newtoniano de
acción<-->reacción. Lo que sí me parecería recomendable es apartarse un
poco de esa línea tan agresiva y despectiva, andar elegantemente por el hilo
sin necesidad de caer al vacío faltón. Captaría adeptos ese batallón. O al menos
menguaría el grado de inquina recolectado hasta el momento, que no es poco.
Respecto al perenne ejercicio de
sumo enaltecimiento a David por parte de periodistas y colaboradores adláteres,
a los que crispa la expresión ‘campaña albeldista’ en la acepción que los
señala, es un hecho ya implantado en la comunidad periodística deportiva de
la ciudad del Turia, por muy alto y grave que sea el tono empleado en sus
reputados micrófonos en sus tentativas de desmentir, exculparse o atizar a los
“injuriosos desestabilizadores”. Existe, sí, una maquinaria perfectamente
engranada y dispuesta a elevar al capitán a techos que, bajo mi humilde punto
de vista -seguramente esté equivocado-, no le corresponden, sin querer entrar
en turbios asuntos ajenos a su quehacer como futbolista profesional. Y es ahí,
con esos aires altaneros y creyendo empuñar el sable axiomático, donde habita
la necedad del que pretende imponer su dictamen, desdeñando el resto,
primeramente por ser contrarios a su juicio imperioso, y en segundo lugar, algo
que repudio con vehemencia, por su procedencia ajena a su profesión. Vamos a
ver, que usted es licenciado en periodismo o ciencias de la información, no
doctorado en futbología. Ciencia que, por cierto, es intangible, indeterminada
y jamás se podrá baremar. Por tanto, no sea obtuso, corto de miras y abra la
mente, que el título no es para aleccionar al oyente/lector/telespectador,
praxis errónea donde las haya, sino para dignificar un oficio en evidente
decadencia y laboralmente maltratado por esta galopante crisis. Igualmente me
gustaría hacer mención a lo que denomino ‘infopinión’; acción llevada a cabo
por periodistas y que consiste en emitir una opinión encubierta, camuflada o
combinada de información, sirviéndose de dicho salvoconducto para colar unos
inputs intoxicados, tergiversados a su antojo, labrándolos según sus intereses
profesionales o personales. Untura, usura, atadura, las causantes.
Ahondando en términos
futbolísticos, y sin querer apartarme de los conceptos más puristas del balompié,
Albelda es un jugador cuyo depósito entra en reserva antes de llegar al
destino, es una obviedad, si bien el acertado robo de balón en el minuto 93 del
ya pasado enfrentamiento ante el Getafe, en un momento del partido
completamente anárquico y roto, se esgrimió para maquillar ciertas carencias que venimos anunciando desde hace tiempo. El longevo futbolista
valenciano aporta cosas positivas, claro que sí, como son picardía, estabilidad
y seriedad táctica -aunque matizo este aspecto; se beneficia de su mega
retrasada posición, incrustándose entre los centrales, rol que no he visto
desempeñar a nadie más del actual plantel, lo que le permite acometer las
coberturas de modo mucho más fácil-, ese punto leñero oportuno y capacidad de
mando sobre el tapete. Hasta ahí, paren de contar, no continúen con más loas
futboleras porque no hay más carrete del que tirar. Y como contrapartida,
negativa, tenemos a un mediocentro cuyo déficit físico evidencia una merma en
ocupación de parcela en zona ancha, obligando a retrasarlo unos metros para
evitar recorrido de espaldas y resguardarlo con la pareja de zagueros, lo que
muchas veces se interpreta apócrifamente como mejoría defensiva, cuando en
realidad se está menoscabando el centro del campo, la verdadera asignatura
pendiente. Es una pieza relativamente válida, y a pesar de sus últimas
actuaciones correctas -no estratosféricas, imperiales ni memorables como se han
publicado, se pide un poquito de seriedad y equidad-, habrá que evaluar su
competitividad efectiva ante rivales de peso y/o en citas de nivel para ser
muníficos con él. Y no al revés, como se actúa por inercia en Valencia,
adulterando el producto aprovechando el estatus de su etiqueta, siendo
arrastrados por el instigador rodillo tendencioso.
Referente a su supuesto fuero para
inmiscuirse en la sección de otros que perciben un gran sueldo del club, lo
catalogo de insensato e innatural, rompe la armonía grupal y forja
divergencias. No suma, vaya. Una cosa es que las heridas de guerra defendiendo
la casaca blanquinegra le hayan otorgado la capitanía y galones para tener
potestad dentro de ese vestuario -y de paso tener reservado un privilegiado
hueco en el Olimpo de la historia del club-, y otra bien distinta que, estando
contratado como futbolista, tenga mayor poder de acción -subliminal, eso sí-
que otros accesorios del consejo de administración u organigrama. Roza lo kafkiano. Todo esto
cogido con pinzas, claro.
David, uno de los estandartes del
Valencia durante la última década -no el único-, merece una despedida acorde a
su buen rendimiento deportivo, a su demostrado compromiso y a sus años al
servicio de este club, si bien una retirada a tiempo es un claro ejercicio de
responsabilidad, no entorpecer más la entrada de savia que renueve una
demarcación claramente mejorable, mal que pese a los ultrafans del poblatano.
Homenaje que inexorablemente levantará ampollas, ya no solo por los anti, sino
por las comparaciones con las salidas de otros grandes valencianistas a los que
no se les brindó semejantes honras, sin haber acopiado deméritos que eluciden
tal leonino proceder. Arbitrariedades varias…
Como es quimérico conseguir
ensartar o sintonizar tan aferrados y distanciados pareceres -singular genoma
de la indefectible idiosincrasia che-, allá cada cual con su libre albeldrío...